Jair Robles / OPINIÓN
El Dilema del Prisionero
2016-12-10
Uno de los momentos más álgidos de la confrontación entre el nuevo gobernador del estado Miguel Ángel Yunes y su antecesor Javier Duarte, se dio a finales de Octubre, durante los días en que el segundo pidiera licencia para separarse del cargo.
El día en que el exgobernador priísta anunció que pediría licencia frente Carlos Loret, conductor del noticiero matutino del canal 2, se le veía muy seguro de sí mismo, no sólo tuvo la capacidad de mentir sin problemas sobre las acusaciones en su contra, sino que aprovechó para atacar al entonces gobernador electo. Se cree que esta actitud se basaba en la conversación que había tenido la noche anterior con el Secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong.
Esta seguridad, -soberbia dirían otros-, fue característica de Duarte, durante prácticamente todo su mandato, ante cualquier crítica que se le hacía. En todo momento se creía intocable. Según testimonios de algunos columnistas, esa siguió siendo su actitud mientras jugaba golf unas horas antes de que se fue en el helicóptero del Gobierno del Estado y se le perdiera pista de su paradero. Se cree que su comportamiento está relacionado con el destino final de cuando menos alguna parte de los miles de millones de pesos de los recursos públicos, que hoy sabemos fueron desviados durante todo el sexenio.
Durante esos mismos días en que el duartismo dejaba el changarro, al que se le veía algo nervioso, es al ahora gobernador Miguel Ángel Yunes. Se decía y él mismo lo llegó a denunciar, que desde el Gobierno Federal se le estaba obstaculizando para que asumiera su mandato, llegado el mes de diciembre. Fue entonces cuando de manera un tanto amenazadora dijo, que el día de su toma de protesta como gobernador, daría a conocer información que cimbraría al país.
Pasó el tiempo, Duarte se dio a la fuga y Yunes Linares fue bajando el tono de confrontación con el Gobierno Federal. Llegando el primer día de su gobierno, aquella información que había prometido, estuvo ausente de su discurso y si acaso, como recordatorio para algunos, llegó a mencionar un asunto relacionado con el traslado de dinero en helicópteros a un edificio en la Ciudad de México, y que este tema lo mantendría exclusivamente bajo su investigación.
Así tenemos que tanto el gobernador entrante como el saliente, por separado han dado pie a que se mantenga abierta la especulación sobre la posibilidad de que parte de los recursos pertenecientes al estado, se habrían utilizado para otros fines que hasta el momento se desconocen.
En las ciencias sociales, como la economía, ciencia política y la psicología, existe una teoría conocida como la teoría de juegos, que se basa en el estudio de modelos matemáticos que tratan de explicar la toma de decisiones en situaciones de conflicto o cooperación entre individuos racionales. Dentro de esta teoría uno de los ejercicios más famosos, se conoce como el dilema de los prisioneros. Donde se parte del supuesto de dos personas que han sido aprehendidas por la autoridad, bajo la sospecha de haber cometido un delito. La policía no tiene suficiente evidencia para inculparlos, sin embargo, tratará de hacer que uno de los dos detenidos eche de cabeza a su compañero, para así poder comprobar el delito. Para hacer esto, se separan a los dos sospechosos y a cada uno se le ofrece una recompensa por traicionar a su compañero. A cada uno de los sospechosos, se le ofrece que saldrá en libertad, si reconoce los hechos por los que se les ha detenido. Desde el punto de vista de los detenidos, lo ideal es que ninguno de los dos hable, sin embargo, no hay ninguna garantía de que el otro haga lo mismo. Y se preve que al final los dos terminen delatando.
Recordé este juego o experimento, porque de alguna manera me hace suponer que el Gobierno Federal, se encuentra con un dilema similar, solo que en este caso, la que vendría siendo la autoridad, también podría terminar siendo uno de los prisioneros. En este juego los tres participantes, cuentan con información que puede comprometer al otro o a los otros.
Debido a la exposición mediática y la creciente presión social, en algún momento el Gobierno Federal, optó por dejar que Miguel Ángel Yunes asumiera el cargo de gobernador, bajo el acuerdo de que éste no de a conocer aquella información que cimbraría las entrañas del sistema. Pero aún no se decide a aprehender a Duarte, porque lo más seguro es que éste cuente con la misma o más información comprometedora. Duarte difícilmente se salvará de pisar la cárcel a partir de que las autoridades den con él o decidan detenerlo. Lo que muy probablemente estén negociando, es el destino de los miembros de la familia que hasta el momento han sido implicados, a cambio de su silencio.
La situación se complica aún más, conforme se va a dando a conocer información que incrimina a algunos de los más cercanos colaboradores de Duarte, que muy probablemente también conocen de este tema.
Mientras el Gobierno Federal no encuentre la forma de cumplir con la exigencia social de llevar a Duarte ante la justicia, sin terminar ser expuestos como parte de la red de corrupción, éste seguirá en calidad de prófugo, los miembros del gabinete nos seguirán entreteniendo con su #guacamole challenge y la gente distraída siguiendo los XV de Rubí.

DI Noticias Noche 20 de Mayo del 2015
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