Leo Zuckerman / Juegos del Poder
Presidente Andrés Manuel López Obrador
2017-02-28
Después de perder la elección presidencial de 2006, López Obrador se radicalizó con el fin de mantener el control de su base de poder: la izquierda más recalcitrante. Su discurso se tornó estridente, polarizador, como esa izquierda esperaba. Ellos versus nosotros, ricos contra pobres, los de arriba pisoteando a los abajo, una mafia codiciosa sometiendo al pueblo bueno. Y le funcionó: AMLO se mantuvo como el líder indiscutible de la izquierda mexicana lo cual le aseguró ser, de nuevo, el candidato presidencial en 2012.
Para ganar la elección de ese año, se movió hacia el centro con el propósito de jalar votos del electorado independiente. De ahí su nueva estrategia y discurso que Julio Hernández López bautizó como “pasteurización táctica”. Así caracterizaba el columnista de La Jornada a AMLO previa la elección del 2012: “ha tenido a bien asignarse un preocupante perfil espiritualizado que en caso de llegar al gobierno significaría la conducción de los asuntos públicos a partir no de un programa partidista o de compromisos sociales específicamente de izquierda política sino de una suerte de cristianismo amoroso bajo exégesis tabasqueña. No es un asunto menor, por más que los fieros defensores del estado laico frente a amenazas provenientes de otros partidos se conviertan en comprensivos y sonrientes solapadores del nuevo discurso político-religioso. Además, la fórmula para alcanzar la felicidad en México, ha dicho el predicador Andrés Manuel, consiste en ser buenos. Oremos, hermanos”.
En 2011, AMLO publicó un artículo en La Jornada donde proponía “contribuir en la formación de mujeres y hombres buenos y felices, con la premisa de que ser bueno es el único modo de ser dichoso. El que tiene la conciencia tranquila duerme bien, vive contento. Debemos insistir en que hacer el bien es el principal de nuestros deberes morales. El bien es una cuestión de amor y de respeto a lo que es bueno para todos”. Se trataba de una “manera de vivir sustentada en el amor a la familia, al prójimo, a la naturaleza y a la patria” y proponía “tres ideas rectoras: la honestidad, la justicia y el amor”. El lenguaje era claro. Tal y como lo percibía Hernández López: el de un predicador.
AMLO quería ser Presidente para exaltar y difundir varios preceptos: “el apego a la verdad, la honestidad, la justicia, la austeridad, la ternura, el cariño, la no violencia, la libertad, la dignidad, la igualdad, la fraternidad y a la verdadera legalidad. También deben incluirse valores y derechos de nuestro tiempo, como la no discriminación, la diversidad, la pluralidad y el derecho a la libre manifestación de las ideas”. Esos eran los “fundamentos” de su “República amorosa”. Principios que eventualmente convertiría en una “constitución moral” que elaborarían “especialistas en la materia, filósofos, sicólogos, sociólogos, antropólogos y a todos aquellos que tengan algo que aportar al respecto, como los ancianos venerables de las comunidades indígenas, los maestros, las padres y madres de familia, los jóvenes, los escritores, las mujeres, los empresarios, los defensores de la diversidad y de los derechos humanos, los practicantes de todas las religiones y los libre pensadores”.
A lo largo del 2011 y 2012, AMLO fue subiendo en las encuestas y se acercó a Peña Nieto. No obstante, su nueva imagen y discurso no le alcanzaron para ganar la elección presidencial. De nuevo, argumentó que los comicios fueron fraudulentos, pero no se radicalizó tanto como después de las elecciones de 2006. Rompió con el PRD y se dedicó a formar su propio partido a partir del movimiento que venía creando: Morena. En 2014, se encontraba perdido en las páginas interiores de los periódicos. Gracias a los errores del gobierno de Peña volvió a aparecer en las encuestas. Hoy es el candidato con mayores intenciones de voto para la próxima elección de 2018. Hoy combina parte de su discurso polarizador de 2006 (“la mafia del poder”) con el de la República amorosa de 2012 (“el mal debe enfrentarse con la paz”), pero, más importante aún, vendiéndose como el candidato que ya ganó en 2018. Que su triunfo es inevitable. Que él ya es el Presidente, el presidente Andrés Manuel López Obrador.
Twitter: @leozuckermann
DI Noticias Noche 20 de Mayo del 2015
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