Jair Robles / OPINIÓN
Fake News
2017-03-04
Uno de los fenómenos más sorprendentes de estos tiempos, ha sido la proliferación de portales de noticias que en muchas ocasiones se dedican a la difusión de noticias falsas o ¨fake news¨, con la intención de incidir en la formación de la opinión pública.
En este artículo trataré de plantear algunas de las razones que han venido propiciando esto y sus posibles implicaciones.
Siempre han existido publicaciones dedicadas a la difusión de información si no abiertamente falsa, definitivamente totalmente sesgada. Uno podría argumentar que en México el nivel de compromiso y codependencia que ha existido entre los medios de comunicación y el poder político -que salvo contadas excepciones-, la prensa mexicana por lo general difunde información que no refleja la realidad que viven los ciudadanos, sino la realidad que se quiere proyectar desde los gobiernos.
Sin embargo, estas publicaciones siempre habían tenido una capacidad de influencia muy limitada, ya que los costos de redactar, imprimir y distribuir un periódico o revista por más pequeños que sean, son muy elevados y en la mayoría de los casos era tan fácil identificar el sesgo de su contenido que muy poca gente le daba credibilidad.
Con el surgimiento del internet, hoy en día es posible que una o dos personas escriban y editen lo que pareciera ser un diario digital, -tal y como los que son publicados por los medios tradicionales- y gracias a las redes sociales existe el potencial de que dicha información sea distribuida entre miles de personas en cuestión de horas o minutos.
Esta proliferación de ¨servicios de noticias¨ a través de las redes, por un lado ayuda a democratizar y descentralizar la difusión de ideas y opiniones, pero también ha servido para que con gran facilidad y eficacia se esparzan rumores y noticias falsas, con títulos exagerados y totalmente sacados de contexto en la mayoría de los casos.
Grupos de investigadores sociales, conformados por psicólogos, politólogos, economistas, etc. llevan décadas tratando de entender qué determina que una persona o grupos de personas actúen de cierta manera.
Gran cantidad de estudios han demostrado que a la hora de tomar una decisión los seres humanos somos influenciados más por las emociones que por la razón.
De igual manera me-diante experimentos de estudiantes de diversas universidades han descubierto que al juzgar cierta información, le damos mayor valor a los argumentos que refuerzan nuestra opinión que a los datos científicamente comprobados que van en contra.
Desde un punto evolutivo, se cree que para los seres humanos tiene mayor sentido actuar con sentido de sociabilidad que de racionalidad. De manera que es más valioso que nuestras deci-siones y acciones correspondan con las de otros individuos que con hechos racionales.
Uno puede tener una opinión sin sustento real y si es compartida por otra persona, su opinión también estará basada sin sustento en la realidad, sin embargo, entre más personas comparten la misma opinión, adquiere mayor validez para los que la comparten.
Todo esto es conocido no solo por los académicos de ciencias sociales, sino por los estrategas y mercadólogos que participan en las campañas políticas, también desde hace décadas. Lo que es nuevo son las herramientas que han surgido para potenciar estos mensajes, a la par de las redes sociales.
El uso de bots o gentes pagadas para difundir mensajes en redes sociales, a favor o en contra de cierto candidato, se basa en estos conocimientos. En la medida en que más gente se pronuncie y difunda cierta información, adquiere mayor validez para la gente que es afín a dichos mensajes. Todos hemos escuchado hablar de los Peñabots y de los Pejezombies, no sé cómo les llamen a los del PAN, pero seguro que también cuentan con sus ejércitos de miembros activos en redes sociales que se dedican a difundir los mensajes de sus líderes políticos y su pre-sencia va a ser aún más prevaleciente en las próximas contiendas electorales.
Las batallas políticas se van a dar en Facebook, Twitter y demás redes sociales.
El surgimiento de ¨servicios de noticias¨ o medios digitales en estas redes, es la parte complementaria de estas nuevas estrategias. Crear contenidos con o sin sustento real, con la finalidad de influenciar y motivar el comportamiento de los ciudadanos.
En este terreno deja de ser importante si lo que se publica son hechos reales y comprobados, lo importante es identificar a los ciudadanos que comparten estos puntos de vista para motivarlos a compartir esta información y acudir a las urnas el día de la elección, así como hacer sentir a los que piensan diferente que son una minoría y desmotivarlos de participar en favor de su candidato.
Hacer acusaciones sin sustento, presentar fotos y audios editadas, es parte de este juego, donde lo importante es implantar las percepciones a favor o en contra de ciertos actores políticos. De acuerdo a dos reporteros del Washington Post, que se dedicaron a verificar la veracidad de los pronunciamientos del entonces candidato Donald Trump durante la campaña presidencial, dos de cada tres argumentos resultaron ser falsos, pero esto no afectó su credibilidad entre sus seguidores, por el contrario le ha dado pie para que acuse a ciertos medios de ser los propaga-dores de ¨fake news¨ y que su vocera dijera que sus posturas se basan en ¨hechos alternativos¨.
En la próxima entrega hablaré con más detalle de la empresa que llevó a las victorias del Brexit en el Reino Unido y Trump en los Estados Unidos, y que pretenden aplicar en otras partes del mundo. Lo que estamos presenciando es resultado de un experimento social nunca antes visto y del que por lo mismo, se desconocen sus consecuencias.

DI Noticias Noche 20 de Mayo del 2015
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