Francisco E. Heredia Quintana / Opinión
Las embolsadas cotidianas y el machismo abrumador
2017-03-09
“Las Embolsadas”, es un homenaje a esas mujeres que no encontramos y buscamos, también lo es para las que estamos en resistencia”.
“Las Embolsadas”, van para esas personas que no sabemos que están en una bolsa de basura y que pasan a ser un trozo de carne y las olvidan”.
Así definió su performance la creadora plástica y feminista Wendy López, quien colocó bolsas de basura negras en forma de cuerpos humanos, para recordar a las mujeres desaparecidas y asesinadas en el estado de Veracruz.
Es un intento para que no se olviden las cientos de madres e hijas que fueron asesinadas y tiradas en diferentes puntos de la entidad, declaró.
Lamentablemente “las embolsadas” va más allá de ser una representación artística es un reflejo puntual de una realidad inminente de nuestro país.
Cuerpos femeninos torturados, violentamente ultrajados, abandonados en el campo, en las autopistas, en plena calle o dentro de algún vehículo esa es una escena que se repite a todo lo largo y ancho de la nación. Todos sabemos de esas embolsadas cotidianas, de esas mujeres convertidas en una mancha de hematomas y sangre que pierden su humanidad hasta ser sólo un pedazo de carne sin rostro, ni nombre al que la impunidad y la burocracia van carcomiendo hasta quedar en el olvido, hasta convertirse en una cifra más, en un numero más a la larga lista de historias sin resolver.
El día internacional de la mujer fue un desfile de posturas condenatorias, de voces institucionales que se alzaron porque así lo marcaba el calendario y de una danza discordante de cifras y fechas, de promesas y reproches, donde la pieza central es la careta feminicida que México ostenta y parece que cada día se integra más a la piel del país.
El asesinato de una mujer evidencia la violencia de género constante que palpita en el día a día de cada hogar, empresa o entorno social, el feminicidio es la culminación de toda una cadena de abusos y maltratos sutiles o abruptos, donde el asesino puede llegar a ser alguien cercano e íntimo.
La Comisión Nacional de los Derechos Humanos hizo su pronunciamiento declarando que los esfuerzos de las instituciones del estado no han sido suficientes para erradicar la violencia de género y el feminicidio, llamó a las autoridades, organizaciones sociales y a la población civil en general a redoblar esfuerzos para erradicar la violencia.
Y es que pareciera que nadie desentraña que el feminicidio tiene su vergonzoso y macabro origen en la violencia del hogar donde impera el machismo.
La sociedad patriarcal es el contexto fértil de las tragedias, todos tenemos a cuestas esa culpabilidad de esos cuerpos embolsados, el feminicido no es solo la descripción del asesinato también representa el entramado de un crimen de odio y el fracaso del Estado- Gobierno en garantizar el respeto a la vida y a la seguridad de todas las mujeres que cotidianamente viven diversas formas y grados de violencia.
Las estadísticas a veces dependen de quien las dice y del momento en que las dice, hay una notable falta de concordancia entre lo que dicen las fuentes de gobierno y lo que dicen las organizaciones civiles o colectivos feministas sin embargo en lo que sí parecen coincidir es que México se está consolidando como una nación en la que los asesinatos violentos de mujeres son más recurrentes.
Pereciera una plaga que crece silenciosa, una especie de marea que se ha ido desbordando desde el lugar más íntimo: los hogares machistas.
Hay una cultura de poder y dominación que aún persiste en este país, hay hogares en el que las propias mujeres sostienen el esquema de que son ellas quienes deben dedicarse al hogar y el hombre a mantenerlas, otorgándole al esposo un peldaño de poder que le da permisividad para imponer su voluntad en las cosas más comunes y cotidianas del hogar o hasta en otras más personales como decirle como vestir a su propia esposa.
Aun persiste la idea de que la mujer no es física ni intelectualmente apta para determinados trabajos o incluso que no es correcto que reciba un salario más elevado que un varón.
Hay quienes ven en el género femenino como un ornamento para la fertilidad y un servilismo incondicional, hay paradigmas que se reproducen en las novelas, en las películas en donde la mujer es siempre una princesa frágil y soñadora que debe ser rescatada por su príncipe y solo así su vida tiene sentido, solo así culminándose como una pieza más de un hogar puede alcanzar la felicidad. Esa es una de las manifestaciones de esta cultura de violencia.
Hablar francamente del feminicidio es aceptar que en México se respira en diversos ámbitos esta herencia cultural que navega entre el machismo y la misoginia, todos incluidas muchas mujeres, llevamos a cuesta ese bulto embolsado que en su interior lleva ideas, prejuicios, miedos e inseguridades.
Los roles en el matrimonio, las tareas que las parejas comparten o que asumen en todo ello va implícita esa idea de buscar el equilibrio entre el poder del hombre y el de la mujer, muchas veces esa búsqueda se ensombrece por la complacencia y la violencia.
Todos los días en alguna parte de la geografía mexicana una mujer recibe el embate de la cultura machista, es sometida a una violencia psicológica, al maltrato en el trabajo, a la violencia intrafamiliar que puede incluso llegar a costarle la vida.
“Nadie puede ser cómplice por ignorancia, por prejuicios heredados de una cultura machista, una cultura que al final de cuentas auténticamente genera violencia contra las mujeres”, dijo el presidente Enrique Peña Nieto.
El ejecutivo pidió trabajar en conjunto autoridades, legisladores y organizaciones civiles para encontrar formas de dar una lucha frontal contra toda expresión de machismo.
Y es que el bagaje cultural machista inicia desde el hogar y de ahí puede irse distorsionando, crecer y salpicarse de tintes misóginos, extenderse a todos los niveles laborales, escolares y profesionales para finalmente en algún momento culminar en esta alarmante creciente estadística de muerte.
No solo hay que alarmarse por este patrón cultural de la imposición del rol masculino sobre el de la mujer, también existen otras razones que son causa de feminicidios como las redes de trata y el crimen organizado,
La Alerta de Género no parece ser la audaz y definitiva solución, Amnistía Internacional declara que “con frecuencia los casos de feminicidio no se investigan como tales y no son atendidos por la justicia adecuadamente, generando un patrón de impunidad”.
David Figueroa, Presidente de la organización civil solidaridad por las familias detalla que la aplicación de la Alerta de Género tiene fallas en los protocolos, errores que han ocasionado que los feminicidios continúen porque no son adecuadamente investigados.
No basta contabilizar las muertes hay que identificar el punto donde la procuración de justicia falló.
Más de 10 mil mujeres han sido asesinadas desde el 2012 pero lo vacíos legales y la falta de unificación en el concepto legal de violencia de género no ha permitido que sean juzgados como feminicidios.
Menos del 20% de los asesinatos violentos contra mujeres son reconocidos como feminicidos reveló una investigación de Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad.
En dicha investigación se solicitó a cada una de las procuradurías y fiscalías de los 32 estados el número de homicidios dolosos contra las mujeres especificando la causa de la muerte así como si los cuerpos tenían rastros de violencia sexual, mutilaciones y quemaduras, las autoridades reportaron que de enero de 2012 a junio de 2016 habían sido asesinadas de forma violenta 9 mil 581 mujeres en todo el país y solo mil 887 fueron tipificados como feminicidios.
Al menos 7 mil 694 mujeres asesinadas a balazos, descuartizadas, violadas, asfixiadas o golpeadas no fueron reconocidas como víctimas de feminicidas.
Un feminicida puede recibir un castigo de hasta 70 años de cárcel, pero si el asesino alega que el crimen lo cometió bajo un estado de “emoción violenta” (o crimen pasional) la pena puede reducirse considerablemente hasta una cuarta parte.
La Alerta de Género entonces tiene que pulirse más para dejar de ser una solución utópica, para dejar de convertirse en laberinto burocrático-judicial que haga ver a la justica como lejano paraíso o como un espejismo imposible de palpar con las manos.
La Alerta tiene que dejar de ser un mero discurso mediático recurrente para convertirse de verdad en un mecanismo que ayude, prevenga y solucione la violencia contra las mujeres.
Es desgastante este clavado a las frías estadísticas, es complicado hablar de violencia hacia la mujer en México y no hablar de la sociedad patriarcal que de diversas formas agrede al género femenino rutinariamente, en el día internacional de la mujer es a veces difícil distinguir la verdadera lectura, el auténtico mensaje que emana de la vorágine de discursos oportunistas, electoreros o de ocasión.
Debemos replantear las practicas más comunes y cotidianas, en el hogar, en el trabajo, en el noviazgo, con hermanas, primas y amigas, cuestionar nuestras convicciones, la ética, la moral y la filosofía con la que deseamos llevar nuestra vida y valorar si el sistema machista es algo que hemos reproducido sin darnos cuenta y si es así enmendarlo.
Hay que desprendernos de ese “cuerpo embolsado” que traemos cargado, de ese bulto lleno de marañas culturales obsoletas, de prejuicios absurdos e inseguridades, y mirar a los ojos al rostro siniestro del femeninicido y admitir que es un reflejo oscuro, burdo y extremoso de nosotros mismos.
Y asumirlo, el feminicidio no son ellas, somos todos; pensándolo así lograremos sostener entre los dedos a cada cifra y reconoceremos que es un rostro, una vida que se perdió violentamente, ver en las estadísticas no solo números sino a la mujer y contemplar su irremediable vulnerabilidad para que así la podamos defender y hacerle justicia.
heqfe@hotmail.com
DI Noticias Noche 20 de Mayo del 2015
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