Leo Zuckerman / Juegos del Poder
De súper héroes y súper políticos
2017-05-24
En su más reciente programa en HBO, Bill Maher comentaba, y se burlaba, de la cultura de súper héroes en Estados Unidos que ha tenido un fuerte empuje en los últimos años. Mencionaba la multiplicación de programas, películas y series en torno a personajes ficticios con poderes sobre humanos y que salvan a la humanidad de sus aprietos. En este contexto, no sorprende que la gente le crea a un candidato que dicen tener la capacidad de resolver problemas complejísimos en un abrir y cerrar de ojos. Prueba de eso, argumentaba Maher, es la elección de Trump como Presidente.
El comediante, quien dice cosas muy serias con gran humor, afirmaba que los súper héroes generan una mentalidad de que los humanos “no somos dueños de nuestro destino”. Que estamos, por tanto, esperando la llegada de “un lord estelar y un maldito mapache a salvar nuestros pobres traseros”. Así es, según Maher, como Estados Unidos eligió a Trump.
Luego se burló del Presidente inventándole el mote de “Esfínter Naranja”. Más allá de la broma, creo que Maher tiene toda la razón. Hollywood ha creado una cada vez más vasta industria de súper héroes que luego los políticos explotan en sus campañas posicionándose como personajes con poderes especiales que resolverán, en un chasquido de dedos, complejísimos problemas de la sociedad. Una sociedad cansada de lidiar una y otra vez con los mismos problemas y que falsamente piensa se pueden solucionar si llega al poder un súper político, como si la realidad fuera una película de Marvel.
Se trata de una perversión cada vez más generalizada en las democracias. Un electorado que no cree en la importancia de las instituciones sino en el voluntarismo de un individuo. Votantes que rechazan el conocimiento de años de estudio de expertos sobre las complicaciones de un problema para mejor apostarle a una persona que, a golpe de fe, moverá las montañas. Ciudadanos no quieren escuchar a políticos responsables que hablen de lo difícil que es el mejorar el bienestar del país, de los sacrificios que implica, de los recursos que se necesitan. No. Eso es muy aburrido y enredado. Lo que quieren oír es que alguien llegará a la Presidencia y, como por arte de magia, con sus súper poderes, cambiará todo para bien. Quieren, en pocas palabras, vivir en un mundo de súper héroes.
Luego, por supuesto, viene la decepción. Es lo que le está pasando a Trump y le seguirá ocurriendo. Prometió, por ejemplo, que durante sus primeros cien días como Presidente cancelaría la reforma sanitaria (Obamacare) para sustituirla por una mejor. Sí, como no. Si hay un problema complejísimo, que se viene estudiando en Estados Unidos desde hace décadas, es cómo hacer para que todos los estadounidenses tengan acceso a servicios médicos a un precio razonable. Pero los electores de “Esfínter Naranja” creyeron que, con sus súper poderes que lo llevaron a acumular una gran fortuna, sí haría lo que ningún Presidente ha hecho en EEUU desde Nixon. Bullshit. Trump no ha podido ni podrá porque no es ningún súper héroe.
Como no pudo Fox en México cuando prometió que arreglaría el conflicto chiapaneco en quince minutos de llegar a ser Presidente. O que la economía crecería al 7% anual. O que metería a peces grandes a la cárcel por la corrupción. Ajá. Los mexicanos pronto nos dimos cuenta que el bigotón con botas era en realidad un político de carne y hueso que a la postre tendría algunos éxitos y muchos fracasos porque así es la realidad: llena de intereses, obstáculos y restricciones.
Y ahí viene López Obrador. La gran solución a los problemas del país, según escribe en su libro, 2018 La Salida, es elegirlo a él como Presidente. Sólo por eso, los mexicanos seremos felices. No exagero. Lean el libro. El ejemplo más citado, el que más le han preguntado al tabasqueño, es el relacionado con la corrupción. Según López Obrador, este problema se resolverá por la llegada de un hombre honesto a la silla presidencial. No quiero minimizar la importancia de tener un Presidente honesto. Desde luego que ayuda. Pero no es suficiente como piensa AMLO. ¿Y si se rodea de pillos que roban como sucedió cuando fue jefe de gobierno capitalino? No, la corrupción es un problema endémico de México y muy complejo de resolver. Está metido hasta el tuétano de nuestro sistema económico y político. La realidad es que será tardado y dificilísimo de solucionar. No alcanzará con el voluntarismo de un individuo y sus supuestos poderes sobre humanos de la honestidad valiente.
La culpa de esta perversión democrática no la tienen los políticos que se presentan como súper héroes. No. La culpa la tenemos los electores por creernos esos cuentos y elegirlos como nuestros gobernantes.
Twitter: @leozuckermann
DI Noticias Noche 20 de Mayo del 2015
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