Jair Robles / OPINIÓN
El burro, hablando de orejas
2017-06-24
Conforme pasan los días desde que se dio a conocer un nuevo caso, -porque este no es el primero-, de espionaje en México en contra de diversas personas opuestas al actual gobierno, la reacción del Gobierno Federal y de diversos actores políticos nacionales ha ido cambiando y también los ha ido delatando.
La información del New York Times, relata cómo algunos periodistas, defensores de derechos humanos y activistas en contra de la corrupción, habían sido blanco de intentos de vulnerar sus teléfonos con un software maligno (malware) que les permitiría monitorear todas las actividades que se desarrollan desde estos aparatos. De acuerdo a los rastros identificados de dicha investigación, todas las evidencias apuntan a que dichos ataques habrían salido desde diversas entidades del gobierno federal, ya que estas son las únicas a quienes se les habría vendido dichos instrumentos de parte de la empresa israelita NSO, que desarrolla y vende estos programas.
La primer reacción del Gobierno Federal, como la del marido que fue cachado siendo infiel, fue negarlo y su cinismo se basaba en que parte de las características de estos programas de espionaje es que no pueden ser rastreados, de manera que resulta prácticamente imposible determinar quién los mandó.
Tan seguros se sentían en el gobierno, que un día después de darse a conocer esta información el presidente envalentonado, se dirigió a algunos miembros de la prensa que lo acompañaban al regreso de su participación en la reunión de la OEA, diría que; “si son tan machitos (los espiados), pues que presenten una denuncia”. Dos días después en otro evento, esta vez en el Estado de Jalisco, pedía a la PGR que investigara y en su caso culpara a aquellos que trataban de difamar al gobierno. Declaraciones que horas después habrían de ser esclarecidas por el propio Peña Nieto, pero que corresponden con la manera en que este gobierno ha actuado, cada vez que es evidenciado haciendo algo que de ser investigado por instancias confiables, muy probablemente concluirían que han sido actos al margen de la ley.
Hasta ese momento, los únicos en hacer un reclamo público, habían sido las personas que de acuerdo a lo reportado en el periódico norteamericano, habían sufrido dichos ataques y algunas organizaciones de la sociedad civil. Pero conforme pasan los días, los pronunciamientos de diversos actores políticos y organismos internacionales se han venido sumando al reclamo en contra del gobierno y la exigencia de que se identifique a los autores de estas acciones de espionaje.
Uno de los reclamos más fuertes ha provenido de la dirigencia del PAN, quienes a través de una conferencia de prensa encabezada por su dirigente Ricardo Anaya, declararon que a través de sus representantes en el Congreso, llamarán a comparecer al secretario de Gobernación y al director del CISEN, amenazando que no se detendrán hasta llegar a las últimas consecuencias. El reclamo de los panistas se dio después de que el propio presidente del partido y algunos otros miembros destacados de este instituto político, se dieron cuenta de que ellos también habían sido víctimas de intentos de espionaje con el software PEGASUS.
Es muy probable que la rabia de Anaya, no se deba tanto a que el gobierno haya espiado a Aristegui o a Loret de Mola, entre otros, sino que su molestia radica en que a él también lo tienen en sus redes y que aquella mañana que demostró en la llamada que se filtró hace tiempo donde le indica a Yunes Linares, que cheque el número ($$$) que le mandó por mensaje por precaución a no ser grabado, finalmente si esté registrada en algún lado.
Haciendo un paréntesis, ¿a caso a nadie le sorprende cómo es que el presidente del PAN, que recibe millones de pesos al año de financiamiento público, tiene que recurrir a quien en ese momento era tan solo un diputado federal de su partido, para pedirle dinero?
Volviendo al tema de este artículo. Conforme pasan los días más actores políticos se van dando cuenta que ellos también han sido blancos de este tipo de espionaje. Así lo declaró Ivonne Ortega, exgobernadora y exsecretaria general de PRI.
Según un reportaje publicado por el medio Eje Central, son más de 729 los blancos de espionaje que ellos tienen registrados de acuerdo a documentos con los que ellos cuentan del año 2015.
En algún momento el propio gobierno se dio cuenta que su primera reacción no solo era insatisfactoria para las víctimas, sino que de mantenerse en esta actitud quedaba en evidencia su autoría. Ya que si ante un hecho como este, el gobierno tiene la certeza de no haber sido el autor, eso implica necesariamente que hay alguien más con la capacidad y el interés de estar espiando a ciudadanos mexicanos, que de pura casualidad son personajes incómodos ante el actual régimen. Y si esto fuera cierto, no sería solo posible, sino preocupante que estos mismos personajes estén espiando al gobierno mismo, si tanto interés tienen por los asuntos políticos en el país. ¿No debería de ser el gobierno el primer interesado en dar con los operadores de esta campaña de espionaje? Si hay algún escenario que ponga en riesgo la seguridad nacional, este sería que una agente o grupo externo al gobierno, tenga la capacidad de espiar y conocer los secretos de estado.
Quizá y por eso los encargados de la comunicación desde la presidencia, optaron por cambiar su estrategia y en voz del mismo presidente, ahora ha pedido a la PGR actuar con celeridad en torno a las acusaciones en contra de su gobierno y también declara que él mismo ha recibido este tipo de mensajes.
Es muy probable que esto sea cierto, ya que si algo ha quedado en evidencia en los últimos meses es que en este nuevo mundo interconectado, todos los gobiernos se están espiando unos a otros.
A raíz de que se ha venido ventilando la supuesta intervención de los rusos en las elecciones norteamericanas, ha quedado claro que las llamadas telefónicas del embajador ruso en ese país son constantemente escuchadas por las agencias de inteligencia estadounidenses y nadie se siente sorprendido.
Lo que está un poco más difícil de explicar es ¿por qué y quién, que no fuera el mismo gobierno federal, estaría interesado en espiar a los personajes que se dieron a conocer en el reportaje del New York Times en los momentos en que se intentó llevarlo a cabo?
Ante estos hechos lo único que le queda al gobierno es llevar a cabo la misma estrategia que ha seguido en las acusaciones de corrupción. Así como la corrupción es un asunto cultural, donde todos los políticos son corruptos. En el caso del #GobiernoEspia, ahora resulta que todos son espiados y todos son espías.
No nos sorprendamos de ver en unos días revelaciones de todos los gobiernos estatales que han contratado este tipo de sistemas y escuchar a Enrique Ochoa, declarar que se siente indignado cada vez que se entera de que algún mexicano está siendo espiado.

DI Noticias Noche 20 de Mayo del 2015
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